Especializados en adaptarnos a lo que demanda cada cliente

Hace 24 años llegaba Antonio Maldonado a Agroponiente. Abrían sus puertas las instalaciones de la empresa en Guardias Viejas y se abría paso también a una nueva generación de buenos ‘currantes’ con ‘sello Agroponiente’.

Nunca antes había trabajado en el sector. Desde entonces, “primero vaciando cajas, luego con la traspaleta, más tarde en el cartón, después jefe de línea y, desde hace diez años, jefe de almacén”. Todo un ejemplo de promoción interna y oportunidades a la ‘gente de la casa’ bien aprovechadas.

Antonio es un ejemplo de la filosofía de Agroponiente: profesionales entregados a su empresa, con la filosofía metida hasta el tuétano de los huesos y con la formación ‘sellada’ en la frente, como signo distintivo, garantía del mejor servicio a clientes y agricultores y como pasaporte a un crecimiento personal y una evolución positiva dentro de la compañía.

“Algo debe ir bien, para ambas partes, para la empresa y para mí, cuando llevamos tanto tiempo juntos. Sin duda, se ve que los dos estamos satisfechos”.

Alrededor de 300 personas forman parte de su equipo, en el almacén de confección de Agroponiente en Guardias Viejas. Un trabajo en el que la coordinación, el orden y la atención a las demandas del mercado es clave. “Fundamentalmente mi labor consiste en coordinar que cada compañero cumple con su función de la manera más eficiente y acorde con lo que piden nuestros clientes: organizar el almacén, controlar el detalle de los pedidos y todo ello en las mejores condiciones”, afirma.

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Antonio Maldonado, Jefe del Almacén de Confección de Guardias Viejas

Personas, compañeros, profesionales; es evidente que Antonio Maldonado trabaja, además de con productos y maquinaria, con personas: “cada persona es un mundo y hay que buscar la fórmula para que realice su labor de la manera más satisfactoria posible, que esté satisfecho con su labor. Ahí reside la clave para encontrar la máxima eficiencia y rendimiento. Es la finalidad, tanto desde el punto de vista del trabajado como de la empresa”.

Después de casi un cuarto de siglo en la empresa, Antonio conoce a la perfección la mentalidad del agricultor y tiene claro que “fundamentalmente persigue sentirse valorado y que se valore en justicia su producto. La transparencia y la confianza son conceptos que valora enormemente. No es cierto que sólo busque el precio. Para ellos, el servicio es fundamental en todos los aspectos, especialmente en cuanto a los tiempos de descarga. La buena organización del servicio es muy importante en ese aspecto. Ellos también están trabajando y necesitan eficacia y rapidez en el servicio. No es ningún capricho”.

Y qué decir de los clientes, los mercados, desde los que recibe los encargos acerca del tipo de producto, la confección, los formatos y todos los detalles de cada partida. “Somos una empresa especializada en adaptar nuestra producción a las demandas de cada cliente, incluso de manera individualizada. Con ellos la comunicación es fundamental: hablamos constantemente a través de nuestro departamento comercial, para hallar el tipo de producto que requiere cada uno. Es un proceso constante, que no acaba nunca. Estoy convencido de que ellos perciben ese alto grado de servicio y de capacidad de adaptación”.