El agricultor: el primer eslabón

Posiblemente el mejor resumen de esta campaña 2013/2014 sea que, un año más, el sector agro en Almería sigue vivo y fuerte. La campaña no ha sido ni la mejor ni la peor, ni la más dura ni la más favorable para los agricultores y la gente del campo.

Las gentes del campo almeriense ya estamos acostumbradas a la dureza del sector y a que cada año llega con sus propios problemas y, gracias al esfuerzo de mucha gente, con sus propias soluciones. Comenzamos la campaña con todas las incertidumbres acerca del Virus Nueva Delhi y la hemos terminado con las que nos ha provocado el veto de Rusia a los productos de la Unión Europea. Estamos seguros de que ninguno de los dos ayudará en cada a los hombres y mujeres que cada día se levantan muy temprano para criar su género, pero también de que  ninguno de esos dos escollos supondrá una herida de muerte para el sector, como tampoco antes lo fueron otros asuntos complicados, como la crisis del E.Coli o la del Isofenfus Metilus o la competencia feroz a la que se somete a nuestros productos en relación con países con muy diferentes condiciones de producción, como Marruecos o Turquía, por poner algún ejemplo.

A nivel de precios, elemento primordial en éste y en cualquier otro sector, tampoco el año ha sido ni el mejor ni el peor. Hay que reconocer que las cotizaciones medias han sido inferiores a las de la campaña anterior y eso no es bueno para nadie. El sector, y cuando hablo del sector me refiero a todo lo que se engloba desde el productor hasta aquel agente que lo pone en manos del consumidor final, ha de hacer una profunda reflexión sobre la viabilidad del sistema y lo que puede dejarse en el camino si se presiona en demasía al agricultor.

Nuestros agricultores son la génesis del sector, pero además son el vector que origina un sistema que hace que una madre en Tallin, Edimburgo, Sofía o Segovia, puedan meter en las carteras de sus niños o ponerles sobre la mesa productos de nuestro campo con total garantía. Ninguna de ellas lo haría, de no ser el eslabón final de lo que yo llamaría la ‘cadena de la confianza’, es decir, de una amplia serie de puestos por los que el producto de nuestra tierra va pasando hasta llegar a quien lo consume y que todos ellos, uno tras otro, validan con confianza el trabajo del anterior.

No estamos hablando de nada baladí; tratamos con alimentos, nos referimos a aquello con lo que queremos alimentar a nuestros hijos. Y con eso no se juega; en ese tema todos somos muy responsables y muy exigentes. Es por ello que el gran reto del sector sea, posiblemente, poner en valor el trabajo de quienes hacen que se active todo el proceso que culmina con que un chico estonio, búlgaro, escocés o español abre la cartera en el recreo y encuentra un bocadillo cuyo pan está untado con tomate de Almería.

No me cabe ninguna duda de que todos en el sector somos conscientes de la importancia de poner en valor a ese ‘interruptor’, a ese ‘iniciador’ de la cadena que es el agricultor; pero tampoco percibo que se activen todos los mecanismos necesarios para que ese elemento generador de valor vea compensado el enorme esfuerzo que supone su trabajo y, sobre todo, siga convencido de que a su labor se le puede adjudicar un calificativo tan sencillo como contundente, tan categórico como elemental: rentable.

Estoy convencido, una vez consumida ya la campaña 2013/2014 y en metidos ya en faena de la 2014/2015, de que el gran reto del sector, no es otro que estudiar y activar los mecanismos necesarios para poner en valor al agricultor, el gran activo de todo el proceso, el único elemento indispensable en todo esto. A todos nos conviene no olvidarlo, pero sobre todo nos conviene ponernos manos a la obra.