Concentración de la demanda

En los últimos tiempos, hemos escuchado hablar continuamente de la ‘concentración de la oferta’, como herramienta importante para fortalecer las estructuras productivas y dotar a Almería de una mayor capacidad de negociación e influencia sobre los mercados internacionales hortofrutícolas.

Pero paralelamente, en otros segmentos y ámbitos de esa cadena comercial también estamos asistiendo a procesos de concentración. Por analogía, podríamos llamarlo ‘concentración de la demanda’, en referencia a los procesos de concentración de empresas dentro de la gran distribución.
Efectivamente, también entre nuestros clientes, entre las empresas que hacen llegar nuestro producto al consumidor final, se está asistiendo a un proceso de concentración empresarial, que va, ya lo está haciendo en realidad, hacia una situación en la que esa ‘distribución’ se concentre en un número más o menos reducido de empresas, muy fuertes y con ramificaciones en todo el continente. Si en el ‘origen’, en la producción, es lógico que se tienda a esa concentración, también lo es en ‘destino’, en el tramo final de la comercialización.

Ello, obviamente, nos afecta, tiene su gran influencia en la producción hortofrutícola y, por tanto, en Almería. Con este proceso, las distribuidoras se están haciendo aún más fuertes y, por tanto, tienen una mayor capacidad de marcar las líneas de trabajo con las que se ha de producir y comercializar las frutas y hortalizas.

En realidad, ese proceso ya comenzó hace mucho tiempo. La distribución está en permanente contacto con el cliente final, estudia sus demandas y tendencias en incluso sugiere nuevas líneas que puedan ser de éxito en cuanto a aceptación por parte del mercado. Una de sus misiones es trasladar esas tendencias a la producción, es decir, encontrar empresas y productores que estén dispuestos a adaptarse a esas líneas de trabajo para satisfacer lo que se pide desde el consumidor.

En Agroponiente, llevamos también mucho tiempo implantando esa filosofía de trabajo: trasladando al agricultor las demandas del cliente final y, por tanto, de los mercados y de la distribución, para poder responder a ellas con solvencia, profesionalidad y firmeza y, de esta manera, poder optar a unas mejores condiciones comerciales.

La filosofía es sencilla: si somos capaces de dar a nuestros clientes lo que nos piden, podremos competir mejor y obtener mejores resultados de nuestro cultivo. De lo contrario, si nos limitamos a trabajar conforme a nuestras propias ideas y sin tener en cuenta al mercado, nuestro horizonte comercial será mucho más pobre y nuestra capacidad de obtener mayores valoraciones mucho menor.

Con la ‘concentración de la oferta’, si somos capaces de responder a esas demandas del mercado, tendremos más capacidad de demandar un mayor reconocimiento económico a nuestra producción. Y al mismo tiempo, con la ‘concentración de la demanda’, la distribución aumenta su capacidad de exigir producciones conforme a unas normas.

Así pues, todos los caminos conducen a la necesidad de seguir trabajando con esfuerzo en responder a lo que pide el mercado. Es el camino para incrementar nuestras rentabilidades y seguir caminando de la mano de las grandes distribuidoras, que al fin y al cabo, son el motor de la cadena comercial hortofrutícola en Europa.