De Gerald Brenan al espacio

Se cuenta que lo único que pueden distinguir los astronautas de la Tierra cuando están en el espacio son dos cosas: La Gran Muralla China y los invernaderos de Almería. Yo no puedo dar fe de ello porque creo que no he estado nunca en el espacio. Si el lector de estas líneas ha estado, lo podrá corroborar.

La realidad es que, a mediados del siglo pasado, se instaló en La Alpujarra de Granada (en el municipio de Yegen) Gerald Brenan, un escritor inglés, con el propósito de vivir una experiencia singular: conocer y escribir sobre esta tierra. Así surgió una de sus obras, quizá la mas importante para nosotros, ‘Al Sur de Granada’.

En uno de sus viajes por la zona, pasó por lo que, en aquel tiempo se conocía como ‘El Campo de Dalias’ y esto es lo que escribió sobre la impresión que le causó nada mas enfrentarse a este paisaje: “Es un delta de piedras y escombros, empujado hacia el mar por la erosión de la sierra de Gádor (…). Cuando lo vi por primera vez, podía ser el Desierto del Sinaí”. Ese era el entorno en el que comenzó a desarrollarse lo que hoy todos conocemos.

Sobre una débil agricultura de subsistencia, a la comarca comenzaron a llegar nuevos pobladores (la primera inmigración) procedentes de la Alpujarra y la costa de Granada. Con ellos, se introdujo la primera gran revolución: el enarenado. Con esta nueva técnica se conseguía amortiguar los contrastes de temperatura, a la vez que se ahorraba bastante agua, tan escasa en aquellos tiempos, manteniendo la humedad estable durante mas tiempo.

La producción pasó a ser ‘comercial’, vendiéndose en las alhóndigas que empezaron a funcionar con comerciantes, sobre todo murcianos y valencianos, expertos en comercialización de productos de sus zonas de origen.

La segunda gran revolución se produjo en los 70, con los primeros invernaderos: una innovación procedente de Israel y copia de los invernaderos de cristal de Holanda. Esta innovación conseguía, mediante un mejor control del clima, una mayor producción, que además se desestacionalizaba, logrando también una mejor calidad. En estos años, la superficie cultivada creció rápidamente y empezó el germen de las cooperativas y SAT como alternativas a las alhóndigas. También se instalaron algunas empresas foráneas.

La tercera gran revolución se produjo en los 80, con la incorporación de España a la CEE. La agricultura tuvo un periodo transitorio donde aún seguíamos siendo ‘país tercero’ durante varios años (los cupos, las tasas aduaneras), pero ya nos preparábamos para la liberalización del mercado con Europa que se avecinaba. Se introdujeron nuevas variedades y hubo una gran expansión y proliferación de empresas comercializadoras (cooperativas, comercializadoras, SAT, empresas privadas, etc.).

El siglo XXI está siendo el de la consolidación, con crecimiento sostenido pero lento y expansión a nuevas zonas productivas (Berja, Níjar, Costa de Granada…). Almería vuelve a ser tierra de inmigración pero, esta vez, de otros países (Magreb, África Subsahariana, América latina, países del Este…) que aportan gran parte de la fuerza de trabajo en almacenes e invernaderos.

Es el tiempo de la lucha biológica, empujada, en gran parte por las exigencias de los mercados, del producto ecológico, del ‘casi monopolio’ de las grandes cadenas de supermercados en Europa, de la globalización y la competencia de países terceros.

Las empresas comercializadoras dejan de dividirse y, al contrario, empieza un proceso de concentración que parece ser el reto inmediato de futuro, aunque se desarrolla demasiado lentamente.

Si el bueno de Gerardo levantara la cabeza y lo pusiéramos en una nave espacial, creo que no sería capaz de reconocer aquello que describió 60 años atrás. Seguramente tendría que escribir otro libro donde reconocería que, de ninguna manera, hubiese podido predecir que en aquel desierto, delta de piedras y escombros, se hubiese podido desarrollar lo que hoy es una realidad.