Ha llegado el frío: consejos para evitar problemas en el invernadero

Tras la llegada de los fríos, pero de los fríos de verdad, el campo se moviliza para adaptarse a la situación y, sobre todo, para evitar los problemas que se derivan de cualquier situación extrema, incluida ésta.

Los medios de comunicación se han llenado de noticias alusivas a los buenos precios, pero también es conveniente reflejar que el agricultor, con la llegada de esta nueva situación climatológica, ha de redoblar esfuerzos a fin de que lo que puede llegar a ser una ventaja competitiva en los mercados, como es la llegada del frío, no se convierta en un grave problema, derivado de afecciones importantes en sus fincas y, por tanto, en sus producciones.

Dicho de otra manera, que el agricultor ha de multiplicar esfuerzos y horas de trabajo para que el frío no afecte negativamente a sus cultivos o, al menos, lo haga lo menos posible. El frío en Europa es un amigo de los precios de nuestras hortalizas, pero no así del propio desarrollo de nuestras plantas; todo lo contrario: es una importante amenaza.

Hay que tener en cuenta que a partir de los 5⁰ C comienza a producirse un fenómeno denominado rocío, que consiste en la formación de gotitas de agua sobre las plantas, las cuales son perjudiciales para ellas, ya que, con la salida del sol estas gotitas se evaporan rápidamente robando calor a las plantas y con ellos dañando brotes, hojas y flores.

Como bien saben nuestros agricultores, en estos días es momento de tomar precauciones para que ese frío, esas temperaturas extraordinariamente bajas para nuestra ubicación geográfica y sobre todo para nuestros cultivos, afecten lo menos posible.

Entre otras cosas, es fundamental reducir el contacto del ambiente del invernadero con el exterior en las tardes-noches, cerrando las bandas, pero no completamente, sino dejando abiertos entre dos y tres dedos, para evitar que se produzca el fenómeno de la ‘inversión térmica’. Hay que estar principalmente alerta en las noches despejadas, ya que, en éstas la perdida de calor por radiación infrarroja es mayor.

También a esas horas de la tarde-noche es importante llevar a cabo los riegos y aumentar un poco la CE con sulfatos, evitando los nitratos. La humedad que incorporan estos riegos al suelo sirve para amortiguar los descensos bruscos de temperatura y evitar la deshidratación de las plantas por frío. Es imprescindible que los suelos estén libres de malezas para no contrarrestar el efecto de estos riegos. Para los agricultores que hayan cubierto el suelo con plástico, sería conveniente adicionar el agua sobre él.

En tercer lugar, pero no menos importante que las dos acciones anteriores, es absolutamente necesario ventilar el invernadero por las mañanas, es decir, abrir las bandas, con el objetivo de extraer la humedad del invernadero para evitar enfermedades fúngicas que, en función de los cultivos, pueden ser Mildius, Botrytis, Esclerotinia… Esta tarea es aún más importante realizarla en aquellos invernaderos que poseen doble techo.

En todo caso, todas estas medidas son perfectamente conocidas y aplicadas por los agricultores de Agroponiente, cuyo conocimiento de la realidad y de este tipo de situaciones térmicas es total. Se trata de que el frío, que provoca una situación comercial favorable, no se traduzca en una realidad agrícola nefasta. O dicho de otro modo, aprovechar los beneficios del frío, tratando de eludir en lo posible sus perjuicios.