La calidad: más que un valor añadido, una obligación

Cuando decimos que una empresa no llega a cumplir tres décadas, a producir y comercializar cada año cientos de millones de kilos de producto fresco y a comercializarlo en decenas de países sin cuidar los detalles, en Agroponiente sabemos muy bien lo que estamos diciendo.

Desde hace ya casi nueve años, he sido testigo de cómo ha evolucionado el negocio hortofrutícola, las relaciones entre empresas y clientes y agricultores, las prioridades, las demandas y también las reglas que rigen todo este complejo entramado de relaciones.

Recuerdo que, hace una década, la calidad era un concepto definido por unos parámetros que marcaban qué empresas y qué agricultores aportaban unos valores diferenciales y cuáles no. Y ello, lógicamente, se traducía en unas mejores condiciones de comercialización. Dicho de otro modo, quienes aportaban esos valores diferenciales, eran buscados por las empresas y por los mercados que querían diferenciarse en el concepto calidad.

Han pasado los años y, hoy por hoy, la calidad ha dejado de ser un valor diferencial a ser una obligación. El mercado ya ha asumido como obligatorios determinados preceptos de calidad y quien produzca o comercialice fuera de esos preceptos tiene muy complicada su labor y, sobre todo, una correcta valoración de sus productos.

En ese marco fue en el que nacieron las empresas certificadoras y los protocolos de calidad, que marcan las líneas que son de obligado cumplimiento para que una empresa se interese y acepte una partida de producto.

Sin embargo, en Agroponiente entendemos nuestro departamento de Calidad tanto como una herramienta para que nuestra producción cumpla con esos parámetros como un instrumento para conseguir ese valor añadido del que hablaba al principio.

Entrando en materia, por ejemplo, utilizamos procesos y herramientas como la recogida de muestras y su análisis para comprobar que se cumple con la normativa antes de que la partida sea enviada al mercado. Todo ello nos da la pista de a quién cliente se le puede enviar, en función de los parámetros que marca su auditoría de calidad. Y por supuesto, el control de residuos, que hoy en día es un paso absolutamente obligado y que no sólo sirve para cumplir con las normas generales y las que marca cada cliente, sino para dar prestigio no ya a una empresa, sino en general a nuestra agricultura.

Pero además, en el departamento de Calidad la atención al agricultor es un elemento, una tarea fundamental. Aquí se les atiende, además de en campo en nuestras propias instalaciones, hacerles la planificación de cultivo para que puedan pesar, ponerlos en contacto con los técnicos, etc.

La visita de las auditorías de calidad es la gran prueba que hay que superar, no sólo para que cada cliente tenga la total seguridad de que nuestra empresa y la producción cumplen con sus demandas, sino para estrechar lazos y reforzar la confianza. La auditoría de calidad es el paso para alcanzar o renovar la certificación que nos abre la puerta de los mercados o de determinados clientes y, en ellas, hay que demostrarles que se cumple con la certificación en concreto. Es un trámite muy importante y en él se muestra la empresa tal y como es y se comprueba el cumplimiento de lo requerido por la certificación en el almacén, la limpieza, las cámaras, envases, en definitiva, en todo.

Durante esas visitas se ven los registros, los controles de la cámara, temperatura, agua, registros de botiquín, de salidas, etc. El objetivo es demostrar que tanto nuestras instalaciones y procesos como nuestros agricultores reflejan que todos hemos comprendido la importancia de ser fieles a esas normativas que recibimos. Es la renovación de un compromiso de fidelidad en el cumplimiento, repito, de unos mínimos.

Y a partir de ahí, a partir de ellos, en Agroponiente seguimos buscando la máxima calidad, pero no ya como la obligación del cumplimiento de mínimos, sino como ese valor diferencial que nos haga sobresalir dentro de un sector complejo y muy competitivo. Un objetivo imposible de conseguir si no se realiza un trabajo en grupo, del que todos formamos parte.