Línea de Producción Ecológica

Para quienes llevamos años trabajando y apostando por la producción ecológica, que una empresa como Agroponiente desarrolle una línea seria y sólida en este campo es una gran satisfacción: primero porque evidencia que las empresas más importantes del sector corroboran que, efectivamente, el futuro está en este ámbito; y segundo porque la contribución de compañías con amplia experiencia, indudable solvencia y capacidad productiva es importante para terminar de asentar este tipo de producción.

La línea de trabajo que nos hemos marcado en Agroponiente es muy sencilla y sobre todo muy fiel a los principios de la empresa, que son de sobra conocidos en el sector: progresión paulatina y asentando muy bien cada paso dado, seguridad en un proyecto muy estudiado, total transparencia hacia el agricultor y también hacia los clientes que nos han demandado y para los que nos demandarán este tipo de producto y todo siempre basado en tres pilares: el trabajo por encima de todo, la innovación como piedra filosofal y la apuesta por profesionales formados y expertos para apostar por el éxito final.

No cabe duda, por tanto, de que la apuesta por la producción ecológica por parte de Agroponiente tiene una doble importancia: interna por un lado, ya que la compañía se ha comprometido profundamente a introducir en su estructura los elementos necesarios para acometer el proyecto con garantías; y externa por otro, por cuanto ha de aportar la empresa a este segmento productivo, como compañía señera en el sector.
¿Y cómo lo vamos a hacer? Pues sobre todo partiendo de una base evidente: la de que todos los factores apuntan a que el futuro está en la producción ecológica. Por un lado, está el ámbito de la legislación, que se va transformando partiendo de la base de asegurar la seguridad alimentaria del consumidor, para lo cual no cabe duda de que la producción ecológica es un valor al alza.

Desde 1991, se encuentra en vigor la directiva de la UE sobre la contaminación de acuíferos por el uso de nitratos procedentes del uso agrícola, que aunque ha experimentado diversos aplazamientos en el horizonte 2010, luego el 2014 y ahora el 2016, lo que resulta evidente es que la decisión de las autoridades europeas en favor de la producción ecológica es un hecho y que la producción, los mercados y también el consumidor vamos a experimentar las consecuencias más pronto que tarde. Consecuencias, por otro lado, positivas en mi criterio.
Pero al margen de la incuestionabilidad de la legislación, la producción ecológica ofrece unos beneficios también evidentes para todos los agentes del proceso hortofrutícola, desde la producción hasta el consumo final.

Y el primero de esos beneficios es económico: partimos de la base de que la producción ecológica difiere de la convencional desde la base, ya que su primer campo de actuación es precisamente la tierra, a la que ha de dotarse de una fortaleza que le haga capaz de alimentar al cultivo por sí mismo, lo cual supone un importante ahorro en insumos.

Precisamente, y volviendo a la legislación, en materia de insumos es uno de los ámbitos en los que más se está endureciendo la legislación, en pro de ese objetivo de ‘máxima seguridad alimentaria’. Este concepto saludable se entronca directamente con la necesidad de apostar por suelos nutrientes, saludables y activos a la hora de fortalecer la planta. Lo cual nos vuelve a conducir a la producción ecológica.

Indudablemente, otro de los beneficios es la sostenibilidad. Nadie duda de que un suelo natural, bien dotado de recursos para alimentar a las plantas que soporta y rico en nutrientes es mucho más sostenible y garantiza un futuro a medio y largo plazo. Y eso redunda no sólo en la salud del consumidor, sino también en la viabilidad de las explotaciones en primer lugar y también de nuestro sistema productivo en segundo término.

Y por supuesto, están los criterios de relación entre los agentes del proceso: una producción ecológica otorga a los clientes que compran y distribuyen nuestro producto un argumento en favor de la seguridad alimentaria, de la salud de los géneros y en consecuencia de los consumidores a los que van destinados. Un argumento que abarca también el terreno del marketing, puesto que quienes llegan al consumidor final han de poner en valor ese salto cualitativo en cuanto a la salud del producto.

Ese paso ya se ha producido, puesto que nosotros mismos, en Agroponiente, llevamos tiempo recibiendo esa demanda de una producción ecológica estable y estructurada, que se transforma en nuevos mensajes en los lineales de los mercados y supermercados.
Ahora bien, mi predicción es que lo que hoy día es tendencia en esos lineales, lo que hoy supone el ‘valor añadido’ del ‘producto ecológico’, va a tardar muy poco en convertirse en un camino sin retorno, en una obligación de todos, tanto a nivel legislativo como en cuanto a beneficio económico para todos los agentes de la cadena, empezando por el agricultor.

Por todo ello, siendo fieles a nuestros principios, tratando de adelantarnos al futuro, buscando soluciones a situaciones que van a llegar en un plazo corto o medio de tiempo y abanderando nuestra filosofía de servicio al agricultor y al cliente, en Agroponiente hemos apostado de forma definitiva por esta línea de producción ecológica y por una fórmula de trabajo que nunca pierde de vista la transparencia, la seriedad, la solvencia y el servicio.